Mi mejor enemigo
Probablemente usted recuerde que en el año 2005, se estrenó la película cuyo nombre lleva este artículo, la que se basaba en el conflicto del Beagle.
En ella, dos grupos de soldados, uno chileno y otro argentino, se relacionan entre si producto de las situaciones que les tocaba vivir.
Pero, alejándonos de la película, su nombre nos permite visibilizar una realidad que vivimos en más de una ocasión, aunque no necesariamente en forma frecuente.
Me refiero a aquellos que consideramos enemigos, o adversarios, o cualquier otra palabra con la que usted quiera nombrarlos, los que presentan una conducta negativa hacia nosotros, basada en diferencias de opiniones, en supuestos o en hechos concretos, que nos alejan y nos producen una sensación negativa respecto de nuestro interlocutor.
Ahora bien, algunas de esas personas que consideramos nuestros oponentes, pueden presentar una conducta profundamente humana, sin que ello signifique que abandonen sus opiniones o actitudes.
Lo anterior valoriza la condición de seres humanos de quienes, desde su personal perspectiva, entienden que el diálogo y el trato digno hacia el entorno, posibilita el entendimiento o simplemente y a lo menos, el respeto mutuo.
Entonces, si trato a mis adversarios bajo la perspectiva anterior, ¿cómo trato o espero ser tratado por mis amigos?, lógicamente que a lo menos desde el nivel anterior.
Pero, pese a ser lógico, nuevamente no siempre es así, ya que amigos o supuestos amigos, no necesariamente se comportan de esa forma.
Unos, porque su grado de tozudez es mucho más fuerte que la razón o la amistad.
Otros, porque en la realidad y pese a presentarse ante nuestros ojos como amigos, solo nos utilizan o sin hacerlo, no se ponen en nuestra posición.
Entonces, ¿quiénes son realmente nuestros mejores enemigos?, pues simplemente esos amigos que, pese a la amistad, en el fondo no lo son.
Tienen como conducta aparentar cercanía, pese a que por dentro y sin demostrárnoslo, asumen que no somos más que una herramienta para el logro de sus propios objetivos.
Encubiertos en esa supuesta amistad o cercanía por circunstancias sociales, familiares o laborales, engañan, niegan, ocultan o inventan, mostrando una cara muy lejana a la realidad, la que nos esperanza, pero no llegando a concretar nada en nuestro favor.
Algo de lo anterior debió haber influido en Joey Adams, escritor, comediante y locutor de radio, al expresar; “con amigos como éstos, ¿quién necesita enemigos?”
Recuerda que junto con conocerte a ti mismo, debes conocer a enemigos, amigos y por supuesto a tu mejor enemigo.