Editorial · Lunes 11 de mayo
El valle no tiene tiempo para esperar la lluvia
Treinta y ocho por ciento bajo el promedio. Esa es la realidad hídrica de O’Higgins en mayo de 2026. Los anuncios de fondos llegan tarde, pero llegan: ahora el desafío es hacer que el dinero baje al canal, al pozo, al predio. Y hacerlo antes del invierno.
El embalse Convento Viejo marca su nivel más bajo en catorce años y la Dirección General de Aguas confirmó esta semana que el déficit acumulado en la región bordea el 38%. Son cifras técnicas, sí. Pero detrás de cada decimal hay 18.500 hectáreas que dependen de un calendario de riego que ya no se sostiene y 3.200 productores que esta temporada tendrán que elegir qué paño se sacrifica para que sobreviva el resto.
El plan regional de emergencia hídrica que anunció esta semana el Gobierno Regional —$2.400 millones para reactivar canales matrices en Chimbarongo, San Fernando, Nancagua, Placilla y Santa Cruz— va en la dirección correcta. Pero llega tarde. La cifra debió estar comprometida en marzo, cuando el INIA proyectaba ya este escenario, y no en mayo, cuando algunos productores tienen tres meses para tomar decisiones que dejarán huella por una década.
Lo segundo: el dinero no riega. Lo que riega son las obras. Y aquí el Gore tiene que demostrar que la entrega progresiva desde julio no es una promesa de papel, que las bocatomas estarán operativas antes de noviembre y que las cooperativas tendrán los proyectos aprobados en plazos que respeten la urgencia. Si esto se enreda en una mesa técnica más, la cuenta la pagará el valle.
Lo tercero —y es lo más difícil— es admitir que estamos frente a un cambio estructural, no a una mala temporada. La proyección del CR2 indica que 2026 podría ubicarse entre los tres años más secos desde que se llevan registros. Eso significa que los planes de emergencia tienen que convertirse, sin gradualidad cómoda, en política permanente: reconversión de cultivos, infraestructura de embalses menores, eficiencia hídrica predio a predio, fiscalización seria de pozos clandestinos.
La región conoce este oficio. Hace tres décadas reconvertimos la matriz agrícola tras la apertura comercial, y lo hicimos con menos plata y menos tecnología. Lo podemos volver a hacer. Pero requiere algo que no aparece en ningún presupuesto: un Estado regional que llegue a tiempo, que coordine con las municipalidades en lugar de pisarse con ellas, y que asuma que esta vez no se trata de salir del paso, sino de aprender a vivir con menos.
El valle no tiene tiempo para esperar la lluvia. La región tampoco. Y este diario, fundado hace veintinueve años para acompañar a las comunidades de O’Higgins, lo dice con claridad: la urgencia hídrica es la prueba política más importante de este año. La aprobaremos o reprobaremos juntos.
— La dirección editorial de El Tipógrafo. Las opiniones expresadas en este editorial son responsabilidad de la dirección del diario.