Natalicio de Gabriela Mistral
Pero tal vida deja un ejemplo que todo joven de nuestra patria y de América debe considerar.
El 7 de abril en curso se cumplió un nuevo aniversario desde que una bebita de morena piel dio sus primeros lloros en los brazos de doña Petronila, en Vicuña, Chile, la cual fue bautizada como Lucila María Petronila Godoy Alcayaga.
La misma que siendo pequeña se trasladó a Monte Grande, vivió entre las serranías polvorientas y pedregosas, con la compañía de cabras y chivatos, bebió las primeras letras en tan recóndito y aislado paraje, sufrió una infancia poco grata y una amarga adolescencia, entenebrecida por el suicidio de su primer amor, y a medida que crecía, su corazón le dictaba esos hermosos versos que, con el correr de los años, la llevó a presentarse ante la Corte de Estocolmo, un 10 de diciembre de 1945, para recibir de manos del Rey Gustavo de Suecia, el Premio Nobel de Literatura, el primero de Hispanoamérica. Para entonces se hacía llamar Gabriela Mistral, había cruzado los cincuenta años de edad, usaba boina, seguía soltera y soñando con su frustrada maternidad, y en su rostro, sin perjuicio de sus hermosos ojos, se mostraba el rictus que el desencanto de la vida pone en tantos soñadores, que para alcanzar la gloria y la celebridad, deben beber muchos cálices de amargo ajenjo.
La vida de Gabriela no fue fácil, supo de tremendas penas de amor, la rozó la muerte de sus seres queridos, tanto su primer amor como de su sobrino Juan Miguel Godoy, a quien crió como un hijo y que también se suicidó, vivió en soledad, no saboreó la maternidad, debió ir contra la corriente en muchas ocasiones, hasta alcanzar la gloria y la inmortalidad.
Pero tal vida deja un ejemplo que todo joven de nuestra patria y de América debe considerar: se puede, partiendo de tan lejanas y oscuras regiones, con tantas limitaciones sociales y familiares, con tanta amargura en el corazón, crear nuevos mundos, construir un universo entero de mágica creación poética, y asumiendo una facultad que linda con lo divino, transformar las frías palabras en ardientes poemas que queman el corazón.
Va nuestro recuerdo y nuestra admiración sin límites para esta extraordinaria mujer, cuyo talento inmenso sigue iluminando la cultura chilena, americana y universal.