La primera piedra
Estamos asistiendo a otro episodio de uno de los deportes más populares de nuestro país. El linchamiento mediático en público de una persona. Lo hemos vivido ya muchas veces, se trata de constituir un chivo expiatorio, un culpable y representante de todos los males, alguien a quien apuntar impunemente con el dedo, alguien sobre el que pesan todos los pecados del mundo y al que gratuitamente se puede vapulear.
¿Es inocente Luis Hermosilla de lo que se le acusa? Más allá del principio de inocencia, Derecho del que gozamos todos los ciudadanos, todo parece indicar que el connotado abogado dista mucho de ser una “blanca paloma”, sin embargo, la pregunta que nadie puede dejar de hacerse es, ¿Es el único que hizo o hace eso?
El impúdico tráfico de influencias de que darían cuenta los audios y mensajes conocidos hasta ahora son inaceptables en un estado de Derecho, pero, todo indica que no son una práctica esporádica o rara, de hecho, si el amable lector hace memoria descubrirá que conoce decenas de historias similares con múltiples protagonistas en distintos ámbitos. ¿Mal de muchos, consuelo de tontos? No, no se trata de un empate pírrico, ni de diluir responsabilidades ni de hacer defensas corporativas o políticas, pero un mínimo de honestidad exige reconocer que, nuestra sociedad usa y abusa de las mismas herramientas utilizadas por Luis Hermosilla en prácticamente todos los ámbitos; para conseguir un trabajo, para obtener mejores condiciones en un acuerdo o contrato, en la política, los estudios, la tramitación judicial y cualquier otra área que el amable lector sea capaz de imaginar.
Aun cuando existen salvedades importantes, y quien hoy aparece responsable de hechos constitutivos de delitos por los que deberá responder si así lo determina la justicia, surgen naturalmente preguntas, a lo menos, complejas de responder:
¿Qué pasaría si tuviéramos acceso a los teléfonos de todos los parlamentarios, jueces, ministros, e incluso a los de cada uno de los chilenos?, ¿De qué nos enteraríamos?, ¿Quién quedaría habilitado para lanzar la primera piedra?
Como sociedad normalizamos el «pituto” y la influencias como algo cuasi anecdótico o incluso positivo, sin embargo, no podemos normalizar la hipocresía de quienes rasgan vestiduras y tal vez no podrían pasar un mínimo test de honestidad si se les sometiera a un escrutinio similar al del abogado Hermosilla.